Ajay me contó que vive del otro lado del río, con su familia, pero que cruza todos los días para tratar de conseguir que algún turista se sume a sus paseos en bote... Que una vez una extranjera que vivía sola con sus dos hijitos, alquiló una casa cerca del río, y en la época del monsón, el río subió tanto que entró a la casa. Él agarró un botecito desde su lado del río y en la oscuridad de la noche, remó hasta la casa de esta mujer y la llevó, junto con sus dos hijitos, a su casa, les dió comida y un lugar para dormir... Me contó que en 2003, estaba muy flaco (yo me pregunté: aún más flaco que ahora?), sentado de este lado del río, muy triste y con mucho hambre, hizo una pausa y agregó: yo no sé leer, hablo poco inglés, incluso mi hindi no es bueno, no fuí a la escuela, mi ropa nunca fue buena y mi aseo tampoco el mejor; por esa época volvía poco a mi casa, entonces me bañaba poco... Un turista ruso se acercó y me preguntó algo en inglés, no lo entendí, pero después de un rato entendí que me dijo: qué querés? No supe qué responderle. De cualquier manera, el agarró mi mano y me llevó al centro comercial, me compró comida y ropa muy linda, me llevó a su hotel, había una bañera muy grande y agua caliente, me dijo que me podía bañar si quería, y eso hice. Al rato llegó su mujer, con un cepillo y ella también me ayudó a bañarme, me vestí con ropa nueva y salí al mundo otra vez, sonriente y agradecido, mi Dios, mi Señor Shiva, siempre está ahí para mí, aunque yo no esté siempre para él... Como las aguas del Ganges, hay gente que dice que es agua sucia y cosas feas del río, pero ella está siempre ahí, para nosotros, incluso si le decimos cosas feas.
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