lunes, 28 de enero de 2019

Ajay

Ajay me contó que vive del otro lado del río, con su familia, pero que cruza todos los días para tratar de conseguir que algún turista se sume a sus paseos en bote... Que una vez una extranjera que vivía sola con sus dos hijitos, alquiló una casa cerca del río, y en la época del monsón, el río subió tanto que entró a la casa. Él agarró un botecito desde su lado del río y en la oscuridad de la noche, remó hasta la casa de esta mujer y la llevó, junto con sus dos hijitos, a su casa, les dió comida y un lugar para dormir... Me contó que en 2003, estaba muy flaco (yo me pregunté: aún más flaco que ahora?), sentado de este lado del río, muy triste y con mucho hambre, hizo una pausa y agregó: yo no sé leer, hablo poco inglés, incluso mi hindi no es bueno, no fuí a la escuela, mi ropa nunca fue buena y mi aseo tampoco el mejor; por esa época volvía poco a mi casa, entonces me bañaba poco... Un turista ruso se acercó y me preguntó algo en inglés, no lo entendí, pero después de un rato entendí que me dijo: qué querés? No supe qué responderle. De cualquier manera, el agarró mi mano y me llevó al centro comercial, me compró comida y ropa muy linda, me llevó a su hotel, había una bañera muy grande y agua caliente, me dijo que me podía bañar si quería, y eso hice. Al rato llegó su mujer, con un cepillo y ella también me ayudó a bañarme, me vestí con ropa nueva y salí al mundo otra vez, sonriente y agradecido, mi Dios, mi Señor Shiva, siempre está ahí para mí, aunque yo no esté siempre para él... Como las aguas del Ganges, hay gente que dice que es agua sucia y cosas feas del río, pero ella está siempre ahí, para nosotros, incluso si le decimos cosas feas.

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